La escucha a la otra y la
disposición a conocer sus ideas se ha convertido en el camino más radical hacia
la construcción de paz en un tiempo en el que la sociedad prefiere
“descalificar” antes que intentar conocer el pensamiento ajeno.
Todo se convierte en una
frontera. Incluso entre asumir un feminismo y pregonar que se tiene otro de los
muchos feminismos, llevando la dinámica de las reflexiones entre feministas
exactamente al mismo plano que en una sociedad patriarcal de imponer la
perspectiva y desarticular, acabar con la –otra- vista como “oponente” a la que
se debe “liquidar” para que no le queden ganas de disentir de una postura, otra
vez hegemónica incluso entre los discursos “marginales”.
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Rulfo, No oyes ladrar los perros |
¿Cómo podremos construir una
sociedad mejor que la actual si no hemos aprendido a sostener diálogos con
estructuras diferentes? Si aún las dinámicas siguen el mismo impulso del
sistema dominante-opresor, de acabar con quien disiente y “desmontarla” en vez
de albergar la posibilidad de que ambas pudieran tener razón en distintos
contextos y para diferentes realidades.
Pero no. La gente no discute
para aprender, ni para dialogar, ni para intercambiar ideas. Lo hace pensando
en "descalificar" al otro, en "desechar" los argumentos de
la otra persona, es decir no sabe dialogar, en cambio sabe de ganar, de
triunfar e imponer su racionamientos o posturas a las que ha llegado por un
camino de experiencia propia, a cualquier precio.
Recuerdo una crítica leída en
alguna parte en la que una persona desde una posición de privilegio-centralista
y hegemónico cuestionaba que un grupo de
feministas se auto asumiera “periférica”, argumentando que ese término era como
autodescalificatorio, porque desde su visión la periferia era eso. Nunca se le
ocurrió reconocer el derecho a las otras de auto adscribirse como se sintieran.
De la misma forma leemos a
feministas que asumen una postura frente a otras feministas que adoptan una
contraria, ambas dentro de la perspectiva de los feminismos. sosteniendo
discusiones en las que alguna de las partes pretende siempre ganar, mostrar que
tiene la razón y la otra persona está equivocada.
Esta postura parte desde el
principio de que la única alternativa es "ganar" porque se tiene la
razón y no intenta dialogar, nunca tuvo ese interés de escuchar, sino de hablar
en un monólogo que a gritos impusiera su visión o simplemente acallara a la
otra opinión.
En todos los ámbitos de la vida
actual, las discusiones están llenas de un esquema patriarcal falocentrista de
"imponer" y voy a descalificar o desmontar tu argumento, "yo
gano"... así está construida hoy día la idea de una discusión.
Nadie
quiere ofrecer una disculpa porque hacerlo significa –en su lógica
triunfalista- subyugarse, doblarse, o en términos de Octavio Paz, “rajarse” y
rajarse es lo más femenino porque las mujeres son las que están “rajadas”, así
que en estos tiempos ni las feministas ni los antefeministas aceptaría jamás
perder una discusión que implicaría esa posibilidad de escuchar y concederle
capacidad de persona reconociéndole como interlocutor/a y detenerse a escuchar
los argumentos y que en su lógica es “abrirse”.
De
todo lo que el sistema patriarcal le ha hecho al mundo, la incapacidad de
reconocer que perder no significa perder y que ganar no es lo que hace superior
a alguien, ni mejor ni le otorga razón. Las guerras se inician por dos personas
que creen tener razón y que no aceptan admitir que la otra persona puede tener
en sus argumentos algo de lógica.
Incluso
cuando dos equipos de fútbol juegan, una hinchada o “porra” dice de la otra
“los cogimos”, como acto violento de sometimiento, porque quien vulnera es
quien posee la fálica condición de penetrar.
Nada
más violento que negar la condición de otra, la otredad humana que nos permite
reconocer al otro/a y empatizar con él/ella como sujeto, reconocerle condición
humana al encontrar rasgos comunes; reconocerme en la otra es lo que me hace
humano, reconocerle voz y capacidad de diálogo y darle escucha es lo que nos
hace humanas, y si eso no es posible ni entre feministas, estamos aún muy lejos
de construir ese mundo igualitario incluso para nosotras.
¿De
verdad estamos avanzando hacia una sociedad más justa y feminista si las
feministas no empezamos por replantearnos esas lógicas y la única forma que
conocemos de imponer las ideas es descalificando a la otra, el trabajo de otro
equipo, de mis compañeras y de mis propios pares? Yo creo que renunciar a ganar
y a tener la razón es apenas un atisbo de mirar de otra forma y reconocernos
patriarcalmente hegemónicas.
Incluso en los pretendidos
espacios feministas en los que aún prevalece esa lógica de "yo gano, yo
impongo, yo desmonto, yo descalifico lo que tú ´mi oponente´ crees".
Creo que es más atinado pensar
en hablar, partir de aprender de la otra, conversar y pensar que no se trata de
una batalla sino de que aprendamos de nuevo a conversar, dialogar sin imponer;
empezar a escuchar de nuevo.
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2 comentarios:
Extraordinaria propuesta humanista! Gracias por compartir lo esencial ��
Excelente articulo!!! totalmente cierto de principio a fin! me da gusto saber que no soy profeta en el desierto y que hay otras mujeres que piensan como yo :) ojala algun dia todos aprendamos a escuchar al otro y a aprender de él. saludos! Eloisa Palacios
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